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Levantar un altar de paz

Escrito por Área de Mercadeo & Publicidad , 29 de Abril de 2020. Guardado en Sin categorizar

Vivimos tiempos de angustia como nunca antes.  A lo largo de la historia de la humanidad el  hombre ha enfrentado momentos de temor, pánico y  muerte, pero nunca como hoy.   La  amenaza de contagio y  enfermedad que  puede tocar la puerta de nuestros hogares en cualquier momento,  ha traído consigo una reflexión sobre nuestra  fragilidad e impotencia.  El alcance  mundial del efecto COVID 19  y la actual  posibilidad que tenemos de conocer al instante cómo evoluciona, produce  terror.    

 

Muchos hemos estado dormidos y hemos tenido que despertar.  Hemos estado sumidos en una especie de  sueño en el que la vida consiste  principalmente en trabajar, conseguir cosas, crecer y sobre todo “vivir la  vida”.   Hemos dejado a un lado los  temas trascendentales y profundos como la fe.   Hemos pensado que éste asunto es exclusivamente para aquellos con menos  capacidad intelectual, con menos posibilidades económicas y sobre todo para los  que extrañamente dedican tiempos a orar, a reunirse y a leer la Biblia.   El  despertar ha sido  tan abrupto que nos ha  llevado a preguntarnos  qué hacer con nuestros  logros,  con  el dinero y con las posesiones.  Poco sabemos de la vida espiritual, pues poco  tiempo hemos dedicado a ello a lo largo de la vida.    

Lo que vivimos claramente  es una  tribulación (situación adversa que padece una persona), empujando a muchos a  cambiar su visión sobre la vida. También  llevará a quienes han elegido creerle a Dios y a Su palabra a servir de guías y  apoyo de aquellos.   Sólo esto acortará  los días de aflicción ayudando a muchos a sobrellevarlo.   Los  entendidos  en la fe, resplandecerán en este tiempo de oscuridad;  convirtiéndose en luminares y guías de algunos  que favorablemente se despertarán a una vida diferente, en la que lo espiritual  prevalece sobre lo material, lo intelectual, y  lo superficial.   Quienes han enseñado sobre la fe,  hoy  resplandecerán como las estrellas en el cielo. 

    

En cada hogar debe levantarse un líder que actúe con prudencia  suministrando a su familia la provisión  que realmente es necesaria en este momento.  ¡A tiempo debe hacerlo!  levantando en su hogar   “un  altar de paz”  que se convierta en el  punto de quiebre y conversión de su familia.   En cada hogar debe haber una cabeza (papa, mamá,  abuelos, tíos, quien sea)  que lleve a su familia a ponerse en paz con  Dios.    

   

¡Esto es inminente ¡  


¿Qué significa levantar un altar de paz?   


Significa  poner una marca o señal  (fecha o lugar), que ayude a la familia a nunca olvidar lo que vivieron y qué  hizo que sus vidas cambiaran para siempre. Si después de este tiempo  algunos incrédulos persisten en serlo y  en molestarse  porque les hablan de la Biblia perseverando en  su aversión, están destinados a seguir en confusión perpetua.  

 

Noé actuó de conformidad,  luego de  ser advertido sobre las cosas que iban a suceder  y se encerró con su familia durante 40 días  a pesar de las críticas de quienes les  rodeaban.  Así como Noé  en los tiempos del diluvio,  hoy en día cada jefe de  hogar debe construir  “un arca en el que  se salve su familia”.  Podemos abastecernos en el supermercado (si  aun quedan alimentos), podemos recoger todo el dinero para tener efectivo  disponible, podemos dedicarnos a conversar virtualmente para soportar el  aislamiento,  pero lo que realmente  ayudará es que comprendamos que nuestra vida esta en manos de Dios y que El es  el único que puede detener la mortandad y librarnos de ella.  


Tenemos un desafío por delante:  ser  nuestra mejor versión (más completos) después de pasar por esta situación.   Para  ello, podemos descargarla conectándonos con el Cielo y todo lo que en El  reside:  Dios Padre y Jesús su Hijo, Quien  esta sentado a su derecha.  El Espíritu  Santo es el canal perfecto para hacerlo, sólo debemos pedirle que tome el  control de nuestra vida y que nos ayude a construir esa escalera con el Cielo, la  cual nos permitirá disfrutar de esa dimensión celestial bajando hacia nuestra  tierra,  hacia nuestros corazones y sanando  todo lo que durante muchos años nos hemos encargado de deteriorar.  


Liliana A. Tapias Ochoa  

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